Mundo Tesla

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El misterio de la llave que nunca cerraba

Una aventura de Mundo Tesla sobre observación, trabajo en equipo y el cuidado del agua.

Era la hora del recreo en Mundo Tesla. Los estudiantes jugaban en el patio cuando Emma escuchó un sonido cerca del jardín.

—¡Ploc, ploc, ploc!

Emma dejó de jugar por un momento y prestó atención.

—¿Escuchaste eso? —preguntó a su amigo Lucas.

Los dos siguieron el sonido hasta encontrar una llave de agua que goteaba.

Lucas intentó cerrarla.

—Está bien cerrada, pero sigue cayendo agua —dijo sorprendido.

Debajo de la llave ya se había formado un pequeño charco.

—Si dejamos que siga así, vamos a desperdiciar mucha agua —dijo Emma.

Los niños decidieron investigar, pero sabían que no debían desarmar la llave por su cuenta. Primero avisaron a su profesora.

La profesora se acercó y les hizo una pregunta:

—Antes de buscar una solución, ¿qué debería hacer un buen investigador?

Emma pensó unos segundos.

—¡Observar!

—Exactamente —respondió la profesora.

Los niños comenzaron a mirar cuidadosamente.

Lucas descubrió que el agua no salía por la parte superior de la llave. Aparecía justo donde se unían dos piezas.

—¡Encontré una pista! —exclamó.

La profesora llamó al encargado de mantenimiento. Él revisó la llave y explicó que en su interior había una pequeña pieza de goma que ayudaba a impedir el paso del agua.

—Esta pieza está desgastada —les explicó—. Por eso el agua continúa pasando aunque la llave esté cerrada.

Después de cambiarla, cerró nuevamente la llave.

Todos guardaron silencio.

Esperaron.

Uno... dos... tres...

No cayó ninguna gota.

—¡Misterio resuelto! —celebró Lucas.

Pero Emma tenía otra pregunta.

—¿Una llave que gotea puede desperdiciar mucha agua?

La profesora colocó un recipiente debajo de la llave antigua y les explicó que una sola gota parecía muy pequeña, pero miles de gotas podían convertirse en una gran cantidad de agua.

Emma miró el pequeño charco que se había formado.

—Entonces cuidar el agua también significa prestar atención a las cosas pequeñas.

—Así es —respondió la profesora—. Muchas veces los grandes problemas comienzan siendo pequeños.

Antes de regresar al aula, los estudiantes decidieron convertirse durante esa semana en Detectives del Agua de Mundo Tesla.

Su misión era observar los baños, lavamanos y jardines. Si encontraban una fuga, no debían intentar repararla solos. Tenían que informar a un adulto.

Al terminar la semana habían descubierto dos llaves que necesitaban mantenimiento.

Desde entonces, cada vez que Emma escuchaba un “ploc”, recordaba algo importante:

Una pequeña acción también puede ayudar a cuidar nuestro planeta.

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