Una tarde, despuĂ©s de terminar las clases, Mateo regresĂł al aula porque habĂa olvidado su cuaderno de Ciencias. Mientras caminaba por el pasillo, escuchĂł un sonido extraño que provenĂa del pequeño laboratorio de la escuela.
—Bip… bip… bip…
Mateo se detuvo. El laboratorio estaba cerrado y, segĂşn sabĂa, ningĂşn profesor se encontraba allĂ.
Se acercĂł lentamente a la puerta y mirĂł por una pequeña ventana. Dentro del laboratorio observĂł una luz azul que se encendĂa y apagaba sobre una de las mesas.
Mateo sintiĂł curiosidad, pero recordĂł que los estudiantes no debĂan entrar al laboratorio sin autorizaciĂłn. Por eso decidiĂł buscar a su amiga Valentina, quien todavĂa esperaba a su mamá en la entrada de la escuela.
—Hay algo extraño en el laboratorio —le dijo Mateo—. Parece que una máquina está funcionando sola.
Valentina quiso ir inmediatamente a investigar, pero Mateo le explicĂł que serĂa mejor avisar primero a un adulto.
Encontraron al profesor Andrés organizando unos materiales en otra aula. Los tres se dirigieron al laboratorio.
El profesor abriĂł la puerta y descubrieron que el sonido provenĂa de un pequeño circuito electrĂłnico que los estudiantes habĂan construido durante una actividad del Club de Inventores.
Una baterĂa habĂa quedado conectada accidentalmente.
Sin embargo, habĂa algo más.
Cada vez que la luz azul se encendĂa, en una pequeña pantalla aparecĂa una serie de nĂşmeros:
3 – 6 – 12 – 24 – ?
—Esto no estaba programado asà —dijo sorprendido el profesor Andrés.
Mateo observĂł los nĂşmeros durante unos segundos.
—Creo que sé cuál es el número que falta.
Valentina también comenzó a pensar.
—Cada número es el doble del anterior.
—Exactamente —respondiĂł Mateo—. Entonces el siguiente nĂşmero deberĂa ser 48.
El profesor escribiĂł 48 utilizando los botones del circuito.
De repente, la pantalla cambiĂł y apareciĂł un mensaje:
“PRUEBA SUPERADA. UN BUEN INVENTOR OBSERVA ANTES DE ACTUAR.”
Los tres se quedaron sorprendidos.
Al dĂa siguiente descubrieron que el profesor de ComputaciĂłn habĂa programado aquella prueba como parte de una futura actividad para el Club de Inventores.
Sin querer, Mateo y Valentina habĂan sido los primeros estudiantes en resolverla.
Pero el profesor Andrés destacó algo más importante que haber encontrado la respuesta.
—Lo mejor que hicieron no fue descubrir el número 48 —les explicó—. Lo más importante fue que no entraron solos al laboratorio y buscaron ayuda antes de actuar.
Desde aquel dĂa, Mateo recordĂł que la curiosidad es una gran cualidad para un inventor, siempre que vaya acompañada de responsabilidad.