Mundo Tesla

Lectura interactiva
đź“– RETO LECTOR

El misterio del laboratorio de Mundo Tesla

Una historia de curiosidad, lĂłgica y responsabilidad.

Una tarde, después de terminar las clases, Mateo regresó al aula porque había olvidado su cuaderno de Ciencias. Mientras caminaba por el pasillo, escuchó un sonido extraño que provenía del pequeño laboratorio de la escuela.

—Bip… bip… bip…

Mateo se detuvo. El laboratorio estaba cerrado y, segĂşn sabĂ­a, ningĂşn profesor se encontraba allĂ­.

Se acercó lentamente a la puerta y miró por una pequeña ventana. Dentro del laboratorio observó una luz azul que se encendía y apagaba sobre una de las mesas.

Mateo sintió curiosidad, pero recordó que los estudiantes no debían entrar al laboratorio sin autorización. Por eso decidió buscar a su amiga Valentina, quien todavía esperaba a su mamá en la entrada de la escuela.

—Hay algo extraño en el laboratorio —le dijo Mateo—. Parece que una máquina está funcionando sola.

Valentina quiso ir inmediatamente a investigar, pero Mateo le explicĂł que serĂ­a mejor avisar primero a un adulto.

Encontraron al profesor Andrés organizando unos materiales en otra aula. Los tres se dirigieron al laboratorio.

El profesor abrió la puerta y descubrieron que el sonido provenía de un pequeño circuito electrónico que los estudiantes habían construido durante una actividad del Club de Inventores.

Una baterĂ­a habĂ­a quedado conectada accidentalmente.

Sin embargo, había algo más.

Cada vez que la luz azul se encendía, en una pequeña pantalla aparecía una serie de números:

3 – 6 – 12 – 24 – ?

—Esto no estaba programado así —dijo sorprendido el profesor Andrés.

Mateo observĂł los nĂşmeros durante unos segundos.

—Creo que sé cuál es el número que falta.

Valentina también comenzó a pensar.

—Cada número es el doble del anterior.

—Exactamente —respondió Mateo—. Entonces el siguiente número debería ser 48.

El profesor escribiĂł 48 utilizando los botones del circuito.

De repente, la pantalla cambiĂł y apareciĂł un mensaje:

“PRUEBA SUPERADA. UN BUEN INVENTOR OBSERVA ANTES DE ACTUAR.”

Los tres se quedaron sorprendidos.

Al dĂ­a siguiente descubrieron que el profesor de ComputaciĂłn habĂ­a programado aquella prueba como parte de una futura actividad para el Club de Inventores.

Sin querer, Mateo y Valentina habĂ­an sido los primeros estudiantes en resolverla.

Pero el profesor Andrés destacó algo más importante que haber encontrado la respuesta.

—Lo mejor que hicieron no fue descubrir el número 48 —les explicó—. Lo más importante fue que no entraron solos al laboratorio y buscaron ayuda antes de actuar.

Desde aquel día, Mateo recordó que la curiosidad es una gran cualidad para un inventor, siempre que vaya acompañada de responsabilidad.

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