Mundo Tesla

Lectura interactiva
📖 RETO LECTOR

El robot que aprendió a equivocarse

Una aventura sobre tecnología, perseverancia y la importancia de aprender de nuestros errores.

En el laboratorio de Mundo Tesla había un pequeño robot llamado T-5. Había sido construido por un grupo de estudiantes para participar en una exposición de ciencias.

T-5 podía desplazarse por el salón, reconocer algunos objetos y responder preguntas sencillas. Sin embargo, tenía una característica que lo hacía diferente: sus creadores querían enseñarle a aprender de sus propios errores.

Una mañana, la profesora colocó sobre una mesa tres objetos: una pelota roja, un cuaderno azul y una caja amarilla.

—T-5, lleva la pelota roja hasta la mesa número dos —ordenó.

El robot avanzó lentamente.

—Buscando objeto rojo... —dijo con su voz electrónica.

Pero, en lugar de tomar la pelota, levantó la caja amarilla.

Los estudiantes comenzaron a reír.

—¡Se equivocó! —dijo Martín.

Sofía, una de las estudiantes que había trabajado en la programación del robot, no se rió.

—No pasa nada —respondió—. Si sabemos por qué se equivocó, podemos enseñarle.

Revisaron el programa y descubrieron que uno de los sensores del robot estaba interpretando incorrectamente los colores cuando había demasiada luz.

Los estudiantes modificaron algunas instrucciones y volvieron a intentarlo.

—T-5, lleva la pelota roja hasta la mesa número dos.

El robot avanzó nuevamente.

Esta vez tomó el cuaderno azul.

—¡Otra vez se equivocó! —exclamó Martín.

Sofía observó atentamente.

—Pero ahora cometió un error diferente. Eso significa que nuestro cambio sí produjo un resultado.

Los estudiantes continuaron haciendo pruebas. Algunas veces T-5 acertaba y otras veces cometía errores.

Después de varios intentos descubrieron que no solamente debían ajustar el sensor de color. También era necesario enseñarle al robot a comparar el tamaño y la forma de los objetos.

Finalmente llegó el último intento.

La profesora cambió los objetos de posición.

—T-5, encuentra la pelota roja y llévala hasta la mesa número dos.

El robot giró su cabeza electrónica. Analizó primero el color, después la forma y finalmente el tamaño.

Se acercó a la pelota roja, la levantó cuidadosamente y la llevó hasta la mesa indicada.

Todos aplaudieron.

—¡Ahora sí aprendió! —dijo Martín.

La profesora sonrió.

—En realidad, T-5 no fue el único que aprendió hoy.

Los estudiantes se quedaron en silencio.

—Cada vez que el robot se equivocó, ustedes observaron lo ocurrido, buscaron la causa y probaron una nueva solución. Eso es precisamente lo que hacen los científicos y los inventores.

Sofía miró al pequeño robot.

—Entonces equivocarse también puede ayudarnos a aprender.

—Exactamente —respondió la profesora—. Un error no siempre significa fracaso. A veces es una pista que nos indica qué debemos mejorar.

En ese momento T-5 encendió sus luces y dijo:

—ERROR REGISTRADO. NUEVO APRENDIZAJE GUARDADO.

Todos comenzaron a reír.

Desde aquel día, cuando algo no funcionaba durante una actividad, los estudiantes recordaban a T-5. En lugar de decir “no puedo”, comenzaron a preguntarse:

“¿Qué puedo aprender de este intento?”

Comenzar desafío lector →